mayo 12, 2017 Donna Alcala

Internet of Things (IoT) y los retos del sector legal

Hablar de Internet de las cosas es hablar de la digitalización del mundo físico, de la revolución entre los objetos cotidianos y las personas e incluso entre los propios objetos

Si sigues los debates sobre el Internet of Things (IoT) probablemente hayas oído esta impresionante predicción al menos una vez: “El mundo tendrá 50 mil millones de dispositivos (objetos) conectados en 2020”. 50 mil millones de objetos que se conectarán y sincronizarán a Internet con el fin de proporcionarnos una serie de servicios y aplicaciones inteligentes sin precedentes.

¿Te imaginas que el despertador de casa, al sonar por la mañana, se conectara con tu cafetera? ¿Que tu frigorífico te avisase de los productos que están a punto de caducar e hiciera por ti la compra? Se habla incluso de cepillos de dientes que nos avisaran de caries y pedirán cita al dentista automáticamente.

Según el ex CEO de Ericsson, Hans Vestberg, las repercusiones serán considerables: “Si una persona se conecta a la red, le cambia la vida. Pero si todas las cosas y objetos se conectan, es el mundo el que cambia“.

Lo que va a permitir a las empresas con el Internet de las cosas es mejorar la productividad y comercialización de sus productos, reduciendo costes. Van a disponer de una enorme cantidad de datos que permitirán a los fabricantes tener a su disposición una valiosa información acerca del uso de sus productos, problemas de los consumidores, etc. Van a conocer los hábitos de las personas e incluso adelantarse a sus demandas, ofreciendo unos productos y servicios totalmente a medida. Y esto también implicará una modificación en los procesos de toma de decisiones en el seno de las empresas.

En definitiva el IoT se plantea como una tecnología que mejorará la eficiencia de los proveedores de productos y servicios. Y las empresas especializadas en Big Data tendrán un rol importantísimo, mientras que los profesionales del Derecho, tendremos que ser capaces de empezar a trabajar en una regulación específica que aborde temas como la privacidad y la seguridad de los datos, la propiedad y derechos de uso de los datos, la protección de los consumidores ante estos objetos inteligentes que recopilan, procesan y almacenan información en tiempo real, el reparto de la responsabilidad en caso de robo o mal uso de los datos o el consentimiento informado y libre del consumidor respecto del uso de sus datos, tendremos que ser capaces de diseñar cláusulas contractuales que recaben los consentimientos necesarios para la obtención y uso de los datos de los consumidores.

En conclusión, el rol del abogado de cara a sus clientes (consumidores o emprendedores tecnológicos) deberá ser de completo protagonista en la gestión de problemas relacionados con la privacidad y seguridad informática. La necesidad de contar con la figura de un abogado desde los primeros pasos en la creación de un software o dispositivo que aplique tecnología punta de conexión y manejo de datos, para asegurar un correcto diseño legal de la misma, evitando caer en posibles problemas legales.

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