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¿Por qué es importante firmar un contrato? La mejor forma de prevenir conflictos legales

¿Por qué es importante firmar un contrato? La mejor forma de prevenir conflictos legales

¿Por qué es importante firmar un contrato? La mejor forma de prevenir conflictos legales

Hace unos meses, un cliente adquirió un negocio. Durante la negociación de la compraventa de la empresa, se planteó la conveniencia de incluir una cláusula de no competencia que impidiera al vendedor abrir, durante un período determinado, un negocio similar.

La respuesta del vendedor fue clara: no era necesario incluirla. Tenía problemas de salud, quería vender el negocio y recuperarse de su enfermedad. En ningún caso tenía intención de volver a empezar de cero ni de poner en marcha una actividad competidora.

Parecía razonable.

Sin embargo, nuestra recomendación como abogados fue no asumir ese riesgo. La reflexión era sencilla: si realmente no existe intención de competir en el futuro, ¿por qué no recogerlo expresamente en el contrato?

Después de valorarlo, el comprador decidió que no era necesario. Él y el vendedor eran amigos, conocía sus planes de retirarse tranquilamente y confiaba plenamente en su palabra.

“No hace falta regularlo en el contrato. Seguro que no hará nada incorrecto”, concluyó.

Y, en contra de nuestra recomendación, firmó el contrato de compraventa sin incluir ninguna cláusula de no competencia postcontractual.

Poner los acuerdos por escrito evita conflictos y problemas futuros

Pocos meses después de firmar la operación, el vendedor abrió un negocio competidor prácticamente al lado.

Contactó con antiguos clientes, proveedores e incluso con trabajadores de la empresa.

En cuestión de días, el comprador empezó a ver cómo desaparecía una parte importante del valor del negocio que acababa de adquirir.

La historia puede parecer sorprendente, pero no es excepcional.

En nuestra práctica profesional como abogados mercantilistas nos encontramos con frecuencia con situaciones similares: personas que confían plenamente unas en otras, empresarios que consideran prácticamente imposible que llegue a producirse un conflicto o socios que creen que determinadas cuestiones “ya están suficientemente habladas”.

Y precisamente por esa confianza deciden no regular jurídicamente determinadas situaciones.

Es entonces cuando aparece una de las preguntas que los abogados escuchamos con frecuencia:

¿Por qué necesitamos un contrato si todos sabemos lo que hemos acordado y tenemos intención de cumplirlo?

¿Por qué necesitamos un contrato de compraventa de empresa?

¿Por qué debemos firmar un pacto de socios?

¿Por qué formalizar un contrato de prestación de servicios?

¿Por qué documentar un préstamo entre particulares?

Quizá, después de tantas experiencias similares, deberíamos formular la pregunta al revés:

Si todos sabemos lo que hemos acordado y todos tenemos intención de cumplirlo, ¿por qué no dejarlo por escrito?

Un contrato no es una muestra de desconfianza

Existe cierta tendencia a asociar los contratos con la desconfianza.

Sin embargo, un contrato o cualquier otro documento jurídico no tiene por qué ser una manifestación de falta de confianza entre las partes. En muchos casos es precisamente lo contrario.

Un contrato protege la relación.

Establece las reglas del juego desde el principio y permite que todas las partes conozcan con claridad cuáles son sus derechos, obligaciones y responsabilidades.

Cuando las reglas están claras, resulta mucho más sencillo gestionar las posibles diferencias que puedan aparecer durante la relación contractual.

Por eso, una correcta redacción de contratos no debería verse únicamente como una herramienta para solucionar conflictos, sino como una de las principales formas de prevenirlos.

Los problemas suelen surgir precisamente en aquello que no se reguló

Cuando dos personas o empresas llegan a un acuerdo, normalmente se concentran en los aspectos esenciales de la operación.

En una compraventa de empresa, por ejemplo, las conversaciones pueden girar alrededor del precio, la forma de pago o la fecha de transmisión.

En una sociedad, los socios suelen centrarse en el porcentaje de participación de cada uno, las funciones que asumirán o el reparto de beneficios.

En un contrato de prestación de servicios, la atención suele estar en el precio, el alcance del servicio y el plazo de ejecución.

Pero muchas veces los conflictos no aparecen precisamente en aquello que estaba claro.

Aparecen en aquello que nadie pensó regular.

¿Qué ocurre si el proyecto cuesta más de lo previsto?

¿Qué sucede si un socio quiere abandonar la empresa?

¿Y si fallece uno de los socios?

¿Qué sucede con sus participaciones?

¿Puede el vendedor abrir un negocio competidor?

¿Puede contratar a los trabajadores de la empresa que acaba de vender?

¿Puede una de las partes ceder el contrato a un tercero?

¿Qué ocurre si un inversor no realiza las aportaciones comprometidas?

¿Quién debe asumir los costes adicionales de un proyecto?

Cuando todo funciona correctamente, estas preguntas pueden parecer excesivamente jurídicas.

Cuando aparece el conflicto, normalmente se convierten en las únicas preguntas realmente importantes.

La importancia del asesoramiento jurídico preventivo

El asesoramiento legal no debería comenzar únicamente cuando aparece un problema.

De hecho, una parte muy importante del trabajo de un abogado mercantil consiste precisamente en identificar los riesgos antes de que se materialicen.

Cuando adquirimos una empresa, constituimos una sociedad con otros socios, realizamos una inversión, compramos un inmueble, alquilamos un local, contratamos determinados servicios profesionales o incorporamos trabajadores, siempre existe un determinado nivel de riesgo.

Una correcta estructuración jurídica permite identificar esas posibles contingencias, reducirlas y, cuando sea posible, eliminarlas.

Por eso hablamos cada vez más de asesoramiento jurídico preventivo.

El objetivo no es únicamente solucionar conflictos, sino diseñar desde el inicio relaciones jurídicas suficientemente claras y sólidas para que esos conflictos tengan menos probabilidades de aparecer.

Esto resulta especialmente importante en el ámbito del derecho mercantil y societario, donde las decisiones iniciales pueden tener consecuencias durante muchos años.

Pactos de socios: regular hoy lo que puede suceder mañana

Uno de los mejores ejemplos es el pacto de socios.

Cuando varios socios constituyen una empresa, normalmente lo hacen en un momento de entusiasmo, confianza y objetivos compartidos.

Pero las circunstancias cambian.

Puede aparecer un nuevo inversor.

Un socio puede querer vender sus participaciones.

Puede ser necesario realizar una ampliación de capital.

Puede haber desacuerdos sobre la estrategia de la compañía.

Puede producirse una situación de bloqueo.

Por este motivo, un buen pacto de socios debería regular desde el principio cuestiones como el gobierno de la sociedad, las mayorías necesarias para adoptar determinadas decisiones, la entrada y salida de socios, los derechos de acompañamiento y arrastre, los mecanismos de resolución de bloqueos, las obligaciones de permanencia o las posibles cláusulas de no competencia.

La finalidad no es anticipar que los socios van a tener problemas.

La finalidad es que, si algún día aparecen, exista un marco jurídico claro para resolverlos.

Contratos en operaciones de compraventa de empresas

En una operación de compraventa de empresas, la documentación jurídica cobra todavía mayor importancia.

No basta con acordar un precio.

Es necesario determinar exactamente qué se está comprando, qué responsabilidades asume cada parte, qué garantías ofrece el vendedor, cómo se gestionan las posibles contingencias anteriores a la venta y qué sucede si posteriormente aparece una deuda, un procedimiento judicial o una obligación que no había sido identificada.

También deben analizarse cuestiones como la confidencialidad, la no competencia, la permanencia de determinadas personas clave, las declaraciones y garantías del vendedor o los mecanismos de indemnización.

Una buena due diligence legal y una correcta negociación del contrato de compraventa pueden marcar la diferencia entre una inversión segura y un conflicto que se prolongue durante años.

Seguridad jurídica para empresas e inversores en Andorra

En un entorno empresarial cada vez más internacional, la seguridad jurídica adquiere todavía mayor relevancia.

Empresarios e inversores que desarrollan proyectos en Andorra necesitan estructuras jurídicas que les permitan operar con claridad y seguridad.

La constitución de sociedades, las ampliaciones de capital, los pactos de socios, las operaciones de compraventa de empresas, las inversiones inmobiliarias o la entrada de nuevos inversores requieren un análisis jurídico previo adaptado a cada operación.

En Emindset Law acompañamos a empresas, empresarios e inversores nacionales e internacionales en este tipo de operaciones, desde la planificación inicial hasta la negociación contractual y el cierre de la operación.

El objetivo es siempre el mismo: identificar riesgos, proteger la inversión y ofrecer seguridad jurídica a nuestros clientes.

Es mejor decidir hoy qué ocurrirá mañana

En cualquier relación jurídica existen dos posibilidades.

Las partes pueden decidir desde el principio qué ocurrirá ante determinadas situaciones y reflejarlo en un contrato.

O pueden dejar esas cuestiones sin regular y permitir que, cuando aparezca un conflicto, sea un tercero quien tenga que interpretar qué habían querido decir o qué habían acordado.

Normalmente, la primera opción es mucho más sencilla, económica y segura.

Por eso, quizá deberíamos dejar de preguntarnos:

“¿Por qué debemos firmar un contrato si todos sabemos que lo cumpliremos?”

Y empezar a plantearnos:

“Si todos sabemos lo que hemos acordado y todos tenemos intención de cumplirlo, ¿por qué no firmarlo?”

Los contratos no eliminan la confianza.

La protegen.

Y, de paso, protegen también el negocio, la inversión y la tranquilidad de todas las personas implicadas.